
La innovación es fascinante, pero no infalible. A lo largo de las últimas décadas hemos visto cómo algunas tecnologías nacen entre aplausos y terminan cayendo en el olvido. En un mercado saturado de promesas, muchas veces es más inteligente saber en qué no invertir. En este artículo te mostramos cinco tecnologías que están perdiendo fuerza rápidamente y que podrían desaparecer antes de que llegue 2030. Si estabas pensando en subirte a alguna de estas olas… tal vez aún estés a tiempo de dar media vuelta.
1. Gafas inteligentes de realidad aumentada
Las gafas inteligentes fueron presentadas como el siguiente gran paso en la evolución de la informática personal. Sin embargo, tras años de intentos fallidos, recortes presupuestarios y prototipos que no convencen, la mayoría de las grandes tecnológicas han reculado. Modelos como HoloLens, Magic Leap o incluso las Google Glass han enfrentado problemas de precio, ergonomía, utilidad real y falta de demanda.
La promesa de tener pantallas flotantes frente a los ojos se topó con la dura realidad: nadie quiere llevar gafas incómodas todo el día sin una utilidad clara. El futuro de la realidad aumentada puede que no esté en las gafas, y eso ya es una señal para mantenerse alejado como inversor.
2. Coches completamente autónomos
El coche autónomo nivel 5 —aquel que no necesita conductor en ningún momento— parecía una meta cercana hace algunos años. Hoy, esa visión se desinfla. Las principales compañías del sector han frenado sus planes tras años de desarrollo y enormes pérdidas económicas.
El gran problema no es solo tecnológico: también es legal, ético y cultural. La sociedad aún no está lista para delegar totalmente el control de la conducción a una inteligencia artificial. Mientras tanto, las empresas que apostaron todo a esta tecnología están reestructurando, despidiendo empleados o cerrando divisiones enteras. El mercado ha girado hacia soluciones parciales de asistencia a la conducción, mucho más viables.
3. Gadgets inteligentes sin propósito real
En cada feria tecnológica aparecen dispositivos “inteligentes” diseñados para tareas que no necesitamos resolver. Desde sombrillas solares con USB hasta impresoras de tatuajes temporales o tostadoras de baterías para smartphones, muchos de estos productos generan curiosidad, pero no valor.
La tendencia de poner conectividad, sensores o inteligencia artificial a todo tipo de objetos ha llevado a una saturación de gadgets sin utilidad real ni mercado sostenible. El hype inicial no compensa la falta de utilidad a largo plazo. Como inversor, es preferible apostar por tecnología que resuelva problemas concretos y recurrentes.
4. Realidad virtual sin un ecosistema consolidado
La realidad virtual sigue luchando por salir del terreno del entretenimiento y encontrar una verdadera aplicación masiva. A pesar del interés de gigantes como Meta y Apple, la VR sigue siendo una experiencia cara, aislada y limitada. Sin una killer app clara y sin una base de usuarios lo suficientemente grande, el desarrollo de hardware específico para VR corre el riesgo de volverse insostenible.
Por el momento, esta tecnología no ha logrado justificar sus costes ni generar un retorno claro en la mayoría de los sectores. Invertir en hardware sin una red sólida de software, contenido y comunidad es una jugada de alto riesgo.
5. Dispositivos médicos de consumo en entornos litigiosos
El sector de la salud es uno de los más regulados del mundo, y cualquier tecnología que toque este terreno está expuesta a conflictos legales, patentes y restricciones. Lo vivido recientemente por marcas conocidas en el segmento de smartwatches demuestra que una demanda judicial puede paralizar productos durante meses.
En mercados tan sensibles como el de los dispositivos biométricos o de monitorización médica, las empresas deben invertir grandes sumas en aprobación legal y protección intelectual. Si no lo hacen desde el principio, el riesgo de que una innovación termine bloqueada es alto. Para quienes buscan una inversión segura, este es un campo en el que hay que avanzar con extrema precaución.
Conclusión
No toda tecnología emergente tiene un futuro brillante. En un mundo donde la innovación se mueve a toda velocidad, saber reconocer las señales de desgaste es una ventaja competitiva. Las gafas inteligentes, los coches autónomos totales, los gadgets sin sentido, la realidad virtual sin ecosistema y los dispositivos médicos expuestos a litigios son ejemplos de caminos que, al menos por ahora, parecen llevar a callejones sin salida.
Invertir con inteligencia también significa saber decir “no”. Porque a veces, evitar una mala inversión es tan valioso como encontrar una buena.